Sorolla. Un jardín para pintar, exposición temporal en el Museo Casa Sorolla, Paseo del General Martínez Campos, 37, 28010 Madrid
(Hasta el 20 de enero de 2019)

Me encanta la obra de Sorolla (como pudisteis comprobar aquí) y cuando estoy por la zona normalmente me refugio en el Museo Casa Sorolla, un pequeño oasis en el bullicio de Madrid donde disfrutar de algunas de las obras mas importantes del pintor valenciano en una de sus casas familiares mejor conservadas de Europa.

La colección permanente (reorganizada muy a menudo para evitar huecos en las paredes de los préstamos a exposiciones temporales de otros museos) nos recibe conviviendo con los jardines, muebles y objetos originales. Pero antes para entrar en la casa tenemos que recorrer tres jardines, y de ellos trata este post.

Esta vez pasé rápido por la colección permanente (que merece un post aparte) porque tenía poco tiempo antes de coger un vuelo y no me quería perder la exposición temporal «Sorolla. Un jardín para pintar». Aunque esta muestra ha visitado Sevilla, Valencia y Valladolid (se me escapó teniéndola al lado de casa) el lugar idóneo para verla desde mi punto de vista es la casa museo madrileña, ya que puedes disfrutar de los jardines plasmados por Sorolla en vivo y en directo.
Los jardines se dividen en tres espacios:
Primer jardín, Sevilla.
El jardín delantero recuerda claramente al Jardín de Troya -o Rincón del Grutesco- del Alcázar de Sevilla, con su fuente centrada de mármol, su pórtico clásico y la escalera de azulejos por donde se entraba a la vivienda.



El gran rosal amarillo trepaba por la fachada principal de la casa y protagonizó muchos de sus cuadros y fotografías. Además tiene un profundo simbolismo relacionado con el amor y la unión, y cuenta la leyenda familiar que el rosal amarillo enfermó cuando falleció Sorolla y murió en los últimos días de Clotilde.

Los grandes maceteros de geranios y «gitanillas» son abundantes en Casa Sorolla, y son el reflejo de la tradición andaluza y del modelo de jardín español a principios de siglo XX.


Segundo jardín, Roma y Granada.
El segundo jardín (el último en construirse y el que menos pintó) se inspira en el Generalife granadino, y es de estilo neoárabe. Se divide en parterres y un canal con una fuente hundida de taza redonda (como las que Sorolla había visto en la Alhambra) y acabando en una pequeña alberca. Se remata con una estatua romana que Sorolla recibe como regalo en 1916.




Tercer jardín, estanque y pérgola (Jardín neo-español).
El tercer jardín tiene un estanque presidido por la «fuente de las confidencias”, y una pérgola donde Sorolla solía sentarse con su familia (y ahora disfrutamos de ella los turistas).
Las plantas que Sorolla descubre en sus viajes se añaden poco a poco a su jardín, haciendo de su casa madrileña un pequeño museo botánico de la época. Además, el uso de los escalones, columnas, estatuas, bancos y tiestos de cerámica hacen que llamemos al conjunto jardín neo-español, del cual Sorolla es precursor.







Epílogo.
En los últimos años Sorolla regresa a los jardines que le habían inspirado: en invierno de 1917 a la Alhambra y en primavera de 1918 al Alcázar sevillano. Pero pinta sobre todo su propio jardín.


En uno de los últimos retratos de Clotilde, la mujer de Sorolla, aparece sobre el fondo de una de las perspectivas favoritas del pintor, el parterre de alhelíes y la vista del tercer jardín al primero.

En 1920 la enfermedad sorprende a Sorolla y una de sus últimas representaciones de los jardines es la de su silla de mimbre.


Otro día os llevo de paseo por la exposición permanente 🙂